José Ignacio Sierra
Me llamo José Ignacio Sierra, tengo 26 años y soy de Quito, Ecuador. Me gradué en cine en la Universidad San Francisco de Quito y, durante mi formación, me acerqué profundamente al periodismo y la fotografía, tomando varias clases que ampliaron mi visión narrativa. Esta combinación me permite explorar la fotografía y el video con mayor intención, contando historias a través de ambos medios con más conciencia y sensibilidad. Me siento muy orgulloso de mi país y gran parte de mi trabajo nace del deseo de descubrir y contar las historias que hay en Ecuador.
Me considero un trabajador de la imagen fija y en movimiento, y mi trabajo es descubrir todas las formas que pueden usarse para contar una historia. Desde pequeño, mi forma de comprender el mundo siempre ha sido a través de distintas formas de arte. Siempre tuve una curiosidad sin límites, que es lo que me ha ayudado a expandir mis horizontes y probar muchas formas para seguir comprendiendo la vida y las preguntas que tengo sobre esta. ¿Quiénes somos?, ¿por qué somos como somos?, ¿a dónde vamos?, ¿por qué pensamos lo que pensamos?, ¿cómo nos relacionamos con el otro?, ¿qué historias tenemos para contar?, ¿qué injusticias hemos sufrido?, ¿todo puede convertirse en una historia?, entre muchas más.
Cuando vi por primera vez el documental La sal de la Tierra, un documental que sigue la vida del aclamado fotógrafo documental Sebastião Salgado, dirigido por el cineasta Wim Wenders y por Juliano Ribeiro Salgado, hijo de Sebastião Salgado. Cuando terminó el documental, sentí cómo mi mente se expandía y cómo no volvería a ver el mundo igual.
Mi anhelo más grande con mi trabajo es generar en las personas esa misma sensación que sentí a través de mi trabajo y generar preguntas, reflexión y empatía, o simplemente disfrutar de un producto de calidad con una historia con intención. Creo que una historia bien contada, por más simple que sea y sin importar de qué tema trate, puede llevarnos a sentirnos así.
Mi interés por la imagen, el video y la comunicación me llevó a fundar, junto a mi colega Mishell Herrera, un club de cine y fotografía para jóvenes y adultos en el pueblo de Tonchigüe, Esmeraldas. Un club gratuito apoyado por la Fundación Raíz Caemba, con clases todos los viernes para enseñar cine, fotografía, comunicación, guion, edición y narración, entre otras áreas. Ese es uno de mis mayores logros en mi carrera profesional.
Junto con el club aplicamos con un proyecto a la fundación Inside Out Project, una fundación global presente en más de 150 países que imprime retratos en tamaño gigante para ser pegados en las calles y así crear murales gigantes de fotografías. Con el club enviamos una propuesta que fue aprobada y los estudiantes, con mi guía y la de Mishell Herrera, utilizando todo lo que ya habían aprendido, lograron terminar el proyecto y retratar, en cuatro categorías, a las personas de Same y Tonchigüe: Mujeres guerreras, La sonrisa de los niños, Talentos escondidos y Adultos mayores, llegando a un total de 160 retratos.
Actualmente los murales están pegados en cuatro sitios distintos entre Same y Tonchigüe, y los invito a visitarlos. También les invito a leer mi blog, donde van a poder conocer lo mucho que me gusta hacer lo que hago, mi proceso y la historia detrás de la historia.
Tengo un profundo respeto por las historias que cuento y creo que ninguna historia debe ser tomada a la ligera. Cada persona, lugar o iniciativa tiene una historia única y valiosa que merece ser cuidada y tratada con respeto y pasión.